¿Qué aporta y qué deja abierto el estudio de Peraza-Mues y colaboradores sobre 69 metrópolis mexicanas?
Recientemente se publicó un artículo sobre la dinámica de crecimiento urbano en las metrópolis mexicanas por parte de un equipo perteneciente al Centro Para el Futuro de las Ciudades del Tec de Monterrey. En su trabajo muestran que durante las últimas décadas las metrópolis mexicanas han seguido creciendo al mismo tiempo que sus áreas centrales han perdido habitantes, lo que quiere decir que una parte cada vez mayor de la población se localiza a distancias más grandes del centro. El resultado es un patrón de crecimiento expansivo que implica un modelo de desarrollo urbano ineficiente.
No se trata de un fenómeno desconocido, la expansión periférica, la fragmentación y la transformación de la estructura urbana han sido ampliamente documentadas en América Latina (Janoschka, 2002; Inostroza, Baur y Csaplovics, 2013; Angel et al., 2025). En México distintos trabajos habían mostrado la relación entre la política de vivienda, la expansión urbana, la desconcentración de la población y la reorganización socioespacial de las ciudades. Por ejemplo, Ignacio Kunz et al. (2019) buscan poner el foco de atención en las ciudades que pierden población en sus zonas centrales al tiempo que crecen de manera expansiva y fragmentada.
¿Qué aporta entonces Scaling and Population Loss in Mexican Urban Centres? Su principal contribución consiste en insertarse en la discusión sobre los procesos de desarrollo urbano al medir la transformación de la estructura urbana en 69 metrópolis mexicanas a partir de cuatro momentos censales: 1990, 2000, 2010 y 2020. De esta manera logran confirmar algo que ya sabíamos, para lo cual construyeron una metodología robusta e información comparable, lo que constituye una aportación relevante.
Un nuevo paso en una discusión previa
El artículo se suma a distintos esfuerzos por estudiar de manera general el crecimiento urbano del país. Entre ellos destacan los trabajos de Paavo Monkkonen (2011). El autor analizó la relación entre la reforma del sistema de financiamiento habitacional y los nuevos patrones de crecimiento urbano. Sus resultados mostraron que la vivienda producida en serie podía presentar densidades relativamente altas, disponer de mejores servicios y no encontrarse necesariamente más alejada del centro que los asentamientos de urbanización progresiva. El hallazgo cuestionaba la aplicación automática de la noción de urban sprawl al caso mexicano.
Posteriormente, Monkkonen, Comandon, Montejano y Guerra (2018) analizaron la expansión, la centralidad, la discontinuidad espacial y la segregación socioeconómica en las 100 mayores ciudades mexicanas entre 1990 y 2010. Ese trabajo ya ofrecía una comparación nacional y mostraba que la expansión urbana debía entenderse junto con los cambios en la distribución de la población y la segregación.
Peraza-Mues y sus colaboradores retoman esta idea, pero la abordan desde un angulo diferente. En lugar de concentrarse en la expansión física, los desarrollos habitacionales o la segregación, examinan cómo ha cambiado la distribución de la población respecto del centro de cada ciudad. Para hacerlo, reconstruyen la información censal en una malla de aproximadamente 470 por 470 metros y utilizan perfiles radiales de densidad. También normalizan las distancias para hacer comparables metrópolis de tamaños muy distintos. El resultado es una radiografía nacional de la redistribución de la población urbana.
Centros que pierden habitantes, periferias que crecen
El equipo del Centro para el Futuro de las ciudades encuentra que entre 1990 y 2020 la población urbana de México casi se duplicó, pero las zonas centrales de las 69 metrópolis estudiadas perdieron alrededor de 2.5 millones de habitantes. En 1990, más de 40% de la población analizada residía en estas áreas, mientras que para 2020, la proporción había descendido a 22%.
Al mismo tiempo, las zonas intermedias, distantes y periurbanas ganaron población. Guadalajara, por ejemplo, pasó de tener aproximadamente 866 mil habitantes dentro de los cinco kilómetros alrededor de su centro en 1990 a alrededor de 626 mil en 2020, a pesar del crecimiento general de su zona metropolitana.
El estudio estima además que la distancia promedio de la población respecto del centro es 28% mayor que la que existiría en un escenario donde las ciudades hubieran crecido conservando su densidad. Esto significa que la distribución residencial se encuentra considerablemente más alejada del centro de lo que estaría bajo un crecimiento con densidad constante.
Seis formas de cambiar
Otra aportación del artículo es la construcción de seis categorías que combinan tres procesos: crecimiento o pérdida de población, expansión o contracción espacial, y aumento o disminución de la densidad, tal como se puede observar en la siguiente tabla:
| Categoría | Población | Forma urbana | Densidad |
| A | Crece | Se expande | Disminuye |
| B | Crece | Se expande | Aumenta |
| C | Crece | Se contrae | Aumenta |
| D | Disminuye | Se contrae | Aumenta |
| E | Disminuye | Se contrae | Disminuye |
| F | Disminuye | Se expande | Disminuye |
La categoría predominante es la primera: ciudades que aumentan su población y expanden su distribución espacial, pero pierden densidad. Este régimen comprende 189 de las 207 observaciones analizadas y apareció al menos una vez en 67 de las 69 metrópolis. En cambio, únicamente Acapulco, Minatitlán y Poza Rica combinaron pérdida total de población y expansión durante 2010–2020. El trabajo muestra así un patrón nacional claramente predominante, pero también identifica diferencias relevantes entre ciudades y periodos.
Una caracterización sólida y una explicación todavía incompleta
El artículo es particularmente sólido al mostrar qué ocurrió, dónde y con qué magnitud. La explicación de por qué ocurrió es menos concluyente. Los autores reúnen algunos de los principales factores señalados por la literatura: la transición demográfica, la reducción del tamaño de los hogares, la reforma del régimen de propiedad ejidal, la expansión del financiamiento habitacional, la producción masiva de vivienda periférica, el crecimiento del parque vehicular, la especulación inmobiliaria, la financiarización de la vivienda y los cambios en las preferencias residenciales.
Se trata de explicaciones plausibles y relevantes (lo dejamos así para no entrar en controversia sobre los cambios en las preferencias de los consumidores que autores como Niel Smith 1982 consideran por decir lo menos simplistas). Sin embargo, operan principalmente en una escala estructural. Permiten comprender las condiciones generales que favorecieron el desplazamiento de la población hacia las periferias, pero no establecen el peso de cada factor ni muestran cómo se combinaron en cada metrópoli (está claro que esto está fuera de los alcances del artículo).
Un mecanismo que el texto menciona, pero desarrolla de manera limitada, es la transformación de los usos del suelo en las áreas centrales. Los barrios atraviesan un ciclo de vida económico y, una vez concluido, pueden seguir trayectorias de desinversión, reinversión o cambio de uso, dependiendo de distintas circunstancias.
En el caso de los centros históricos, sus condiciones de centralidad generan presiones para desarrollar el uso óptimo del suelo. Como explica Samuel Jaramillo (1999), los usos comerciales y de servicios suelen estar en condiciones de generar rentas del suelo superiores a las residenciales. En consecuencia, pueden desplazar progresivamente a la vivienda. Cabe señalar que este proceso se ha observado en las principales ciudades de la región latinoamericana, es decir, la terciarización de los usos del suelo.
Desde esta perspectiva, la pérdida de población de las áreas centrales puede ser resultado de su transformación funcional: viviendas convertidas en comercios, oficinas, servicios, alojamientos o estacionamientos. Incluso pueden observarse a la par con procesos de reinversión y valorización inmobiliaria.
Del patrón nacional a los procesos locales
Las metrópolis mexicanas estuvieron expuestas a un mismo conjunto de transformaciones macroeconómicas, demográficas e institucionales. Esto permite a explicar la existencia de un patrón general de crecimiento periférico, disperso y pérdida de población en las zonas centrales. Sin embargo, las seis categorías propuestas por el propio artículo muestran que los resultados no son siempre iguales.
Las explicaciones estructurales tienden a dejar fuera del foco de atención a los actores y a los intereses que intervienen en los procesos de estructuración del entorno urbano. Gobiernos locales, propietarios, promotores inmobiliarios, instituciones financieras, comerciantes, residentes y organizaciones sociales cuentan con recursos, objetivos y capacidades diferentes. Sus relaciones pueden facilitar, bloquear o modificar los procesos de desinversión, reinversión y transformación del entorno urbano.
En mi investigación sobre el Centro Histórico de Guadalajara aborde este problema mediante una perspectiva que relaciona macroestructura, contexto y agencia. Desde este enfoque, las transformaciones macroestructurales delimitan las posibilidades de actuación, pero sus resultados dependen también del contexto institucional y de la capacidad y estabilidad de las coaliciones que buscan orientar el desarrollo urbano.
El trabajo de Peraza-Mues y sus colaboradores permite identificar un patrón de estructuración urbana a nivel nacional y comparar sus distintas expresiones. El siguiente paso consiste en explicar por qué, ante condiciones estructurales semejantes, las ciudades y sus áreas centrales siguen trayectorias diferentes. Para ello es necesario cambiar de escala y observar los procesos, actores e intereses que convierten esas condiciones generales en los distintos resultados que observamos en cada una de las ciudades. El artículo es importante porque proporciona una base empírica para formular mejor las preguntas que todavía permanecen abiertas.
Referencias
Angel, S. et al. (2025). Accommodating Urban Growth in Latin American and Caribbean Cities. Banco Interamericano de Desarrollo.
Inostroza, L., Baur, R. y Csaplovics, E. (2013). “Urban sprawl and fragmentation in Latin America: A dynamic quantification and characterization of spatial patterns”. Journal of Environmental Management, 115, 87–97.
Janoschka, M. (2002). “El nuevo modelo de la ciudad latinoamericana: fragmentación y privatización”. EURE, 28(85), 11–20.
Jaramillo, S. (1999). “El papel del mercado del suelo en la configuración de algunos rasgos socioespaciales de las ciudades latinoamericanas”. Territorios, 2, 107–129.
Kunz Bolaños, I., Padilla Reyes, I. & Morales Maldonado, G. La Administración de los Derechos de Desarrollo como Instrumento para la Recuperación de la Ciudad Interior en Iracheta Cenecorta, A., Lopez, L. J., & Alva, E. S. (2019). Suelo Urbano En México. Retos y oportunidades para su administración y registro.
Monkkonen, P. (2011). “Do Mexican Cities Sprawl? Housing-Finance Reform and Changing Patterns of Urban Growth”. Urban Geography, 32(3), 406–423.
Monkkonen, P., Comandon, A., Montejano Escamilla, J. A. y Guerra, E. (2018). “Urban sprawl and the growing geographic scale of segregation in Mexico, 1990–2010”. Habitat International, 73, 89–95.
Peraza-Mues, G. G., Resendiz, E., Figueroa-Soriano, R., Prieto-Curiel, R. y Ponce-Lopez, R. (2026). “Scaling and Population Loss in Mexican Urban Centres”. Nature Communications, 17, 9039.
Smith, Neil. “Toward a Theory of Gentrification: A Back to the City Movement by Capital, Not People.” Journal of the American Planning Association 45, no. 4 (1979): 538–48. https://doi.org/10.1080/01944367908977002.
Foto de portada
NASA Earth Observatory / Lauren Dauphin, con datos Landsat del U.S. Geological Survey, 27 de abril de 2026.

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